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Hijos de la gran banca, dejad de tocarnos las culturas


Ante el desastre previsto para 2012 por los lobbys del poder

Cerramos un año que marcará un hito en revueltas ciudadanas por las calles del mundo, en lo que, confiemos, será el comienzo de algo mucho mayor. No es el deseo de que haya enfrentamientos sin motivo, sino el mero resultado de la constatación de aquello que viene sufriendo el 99% de la población mundial, de forma cada vez más desmedida y descarada.

Y es que tod@s sentimos el cercano peso de quienes nos roban y vapulean, ya sea desde los puestos del poder público, desde las organizaciones afines o desde su gran patrón: el lobby economista de cada rinconcito del mundo.

Antaño, a esta gentuza se les calificaba de caciques, y lo llevaban a mucha honra y mayor gloria de su nombre, pero cuando el término quedó denostado ante la posibilidad de ser identificados como poderes opresores del pueblo, decidieron llamarse “representantes de la democracia”.

Vano intento de engaño, este que en pocas décadas de existencia de la humanidad, ha logrado ser destapado a costa de la desmedida ambición de un pequeño puñado de personas, jaleadas, eso sí, por un montón de miserables adláteres que quieren vivir de lo que dejan resbalar de esos bolsillos repletos.

Sería necio negar que cualquier ámbito de la sociedad sea ajeno a las consecuencias de tamañas infamias por parte de quienes nos dominan (que no son “los alemanes”, “los franceses” o “los suecos”, ni siquiera los yanquis, sino quienes controlan esos países). 

Las áreas sociales, o de primera necesidad, son aquellas que más amenaza la escasez de dinero y la crisis creada por el capital, ya que parece una medida más fácil el recorte a quienes menos tienen que a quienes más embolsan. Por eso vemos desde hace unos años cómo peligran la Sanidad y la Educación en nuestro entorno, pero está el rincón de la más olvidada: la Cultura.

Tampoco es baladí creer que el castigo a la Cultura, como ámbito universal, es gratuito, ya que al igual que ocurre con la Educación, tocamos un palo cuyo efecto más inmediato es el de hacer reflexionar y cambiar la filosofía de vida y el pensamiento del ser humano. De ahí que los poderes públicos y los poderes fácticos contribuyan sobremanera a su destrucción y/o anulación. 

Vemos cómo se ha creado el concepto de industria cultural, que ha calado en el propio entorno profesional alentado por espurios intereses meramente económicos, tan destructivos como quienes niegan el pan y la sal a l@s verdader@s profesionales. 

De esta manera es fácil convencer de que los grandes fastos vacíos de contenido encierran cualquier carácter cultural, como quienes albergan otro tipo de intereses en eventos de tipo religioso o moralizante, tras una fachada encalada con pancartas culturales y bajo un techo de caspa que ya heredáramos de tiempos muy pasados. En todo ello vuelan nuestros dineros públicos, dejando aparte comisiones y mordidas de diversa índole, por las que nadie acaba de dar cuenta o explicación.

Mientras todo esto avanza, el mundo de la Cultura ha permanecido muy quieto, salvo momentos puntuales, viendo cómo se les cortaban gajos de aquí y de allá, sea para que lamentables sociedades gestoras intermediarias enriqueciesen al más pintado, o para que el valor de la defensa laboral se empobreciese en el engrandecimiento de los menos loables.

Parece que algo está comenzando a cambiar y, mientras todo se derrumba en las artes y la cultura desde la parte que debiera sostenerla, es decir, las Administraciones Públicas, algunos colectivos dentro de las Artes Escénicas han despertado. Aunque nunca es tarde, es muy tarde, porque si ahora empezamos a caminar, resulta que tendremos que hacerlo con nuestros harapos colgando, ya que el chocolate del loro se lo llevan quienes pisan fuerte, no quienes valen en la profesión (bien que coincida alguna vez).

Lo que cabe preguntarse es ¿dónde están el resto de profesionales de la cultura? Y no es una referencia a quienes se forran con ella, sino a quienes la crean, la sostienen o la mejoran contra viento y marea, ya sea en ese cine que casi nunca verá la mayoría, en aquella música que recorre las calles o los cafés de barrio, en esas obras de arte que se cuelgan o se muestran en cualquier pasillo de un local esperando que sean apreciadas, en quienes se encargan de todo lo que rodea a estos trabajos, los mejoran, los facilitan o los apoyan… ¿Dónde están?

Quienes nos vienen gobernando han vaciado las arcas del Estado: de nuestro Estado. Quienes ocupan puestos de influencia se lo han llevado calentito y pronto comenzarán a cerrar unos para correr con el dinero, mientras otros se encargarán de la creación de mayores oligopolios. 

Con esto no es posible competir. Provoca hilaridad pensar en quienes hablan de la “competencia limpia”, en un lugar donde Goliat viene con cinco coleguillas y a David le han quitado la honda y le han puesto dos tipejos para aconsejarle y vigilar. Esto no son las Olimpiadas griegas, señor@s, esto es la vida, donde el trabajo de unas persona se valora aunque no valga, mientras el de otras no se llega ni a mirar.

Ya está bien de que unos y otros se alternen en el poder para mermar lo que producimos, que ya quisiéramos que esto fuese un nuevo régimen monárquico: eso no es más que feudalismo puro y duro, donde los vasallos producen para una reducida aristocracia, que se disfraza de cualquier otra cosa para no ser señalada.

Y no se trata sólo de que roben y avasallen, sino de que encima, minusvaloren e impidan que la creatividad se transmita, que haya comunicación, que podamos intercambiar libremente. Hacen política de “tierra quemada” y dentro de poco sus brujos santificarán a Atila.

Parece que en lugares como Roma, el pueblo y l@s profesionales han comenzado a expulsar a los responsables de las instituciones culturales, tomando espacios como los históricos Cine Palazzo y el Teatro Valle, para que gente con un proyecto y un contenido pueda acceder a su gestión, a mostrar sus proyectos, a impedir su destrucción. 

En nuestro país se dice que “aquí paz y después gloria”, pero más diría yo que aquí es un asco sin pena ni gloria, porque salvo pequeños amagos, nada se hace, falta valor, falta decisión… lo peor: falta convicción de que esto es algo de tod@s, y es una convicción que parece ser bastante carente en el mundo de la Cultura.

A quienes están dispuest@s a dar un paso adelante (o a dar todos los que haya que dar en la vida), nuestro proyecto sigue existiendo, apoyando, colaborando, contra viento y marea, sin más medios que nuestras manos y nuestros bolsillos, sí, pero con nuestra voluntad y convicción de que hay mucho que ofrecer, porque hay mucho que vale y que hay que hacer valer, pero, sobre todo, que sin la Cultura nada evoluciona, sino que se mueve en círculos.

Cerramos uno de los peores años de la historia contemporánea, convencidos de que lo que viene inmediatamente va a ser mucho peor, así que, de nada sirve felicitarnos si no somos quienes pongamos la base del camino para poder continuar y los pertrechos para construir un futuro común, social, para tod@s. 

No un futuro miserable, sino uno que tenga inercia de evolución: ese que sólo la gente con intención puede generar.

Es@s sois vosotr@s, nadie más.

Este es nuestro espacio que nació y creció para apoyar y generar, para difundir lo que mucha gente esconde, para dar visiones diferentes de lo que ya estaba trillado y para denunciar los continuos atropellos a nuestra cultura. Este que es nuestro, es también vuestro, porque creemos en los espacios comunes y en quienes son el motor que contribuye a su existencia.

Si 2012 será muy duro, impidamos que nos destruyan más de lo que tienen previsto: cambiemos nuestro presente.

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