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Una cámara en Madrid, un arma peligrosa


“Niego rotundamente que la Policía haga redadas indiscriminadas en nuestro país, por una razón bien sencilla: están prohibidas, son ilegales”. La frase es de Rubalcaba, entonces ministro de Interior, y la pronunció en 2009, en respuesta a la pregunta del senador del PP, Luis Peral. 

La chispa saltó un día antes, con una nota de la Policía en la que se reconocía la existencia de directrices para detener a un determinado cupo de personas por barrio.

En la nota, la Dirección General de la Policía denunciaba lo siguiente: ”a cada distrito policial se le marcan unos objetivos mensuales en todas las áreas de actuación policial y que comprenden todas las infracciones recogidas en la legislación (…), incluidas las referidas a la Ley de Extranjería”.

No me deja incrustar el vídeo, pero recomiendo ver la noticia de RTVE, de la misma fecha, sobre una nota interna de la comisaría de Vallecas. En ella se indican instrucciones para detener a 35 inmigrante ilegales cada semana, con los marroquíes como objetivo prioritario.

¿Qué implica eso? Que la policía tiene que hacer continuas redadas a los sospechosos de ser inmigrantes ilegales. Es decir, basándose en su aspecto. Y eso, sencillamente, es ilegal. Interior trató en su momento de minimizar los daños para que se olvidara el tema.

Sin embargo, ayer, Amnistía Internacional y la actuación policial volvieron a sacar al terreno mediático el tema. La organización de derechos humanos lo ha hecho porque ha publicado un nuevo informe sobre estas redadas, en el que documentan un gran número de casos y prueban que se siguen produciendo.

“La policía puede dar el alto a personas que no ‘parecen españolas’, para comprobar su identidad, hasta cuatro veces diarias; puede ocurrir a cualquier hora del día o de la noche, en cualquier lugar o situación”, ha manifestado Izza Leghtas, investigadora de Amnistía Internacional sobre España. ”Se trata de una práctica ilegal con arreglo a la legislación española y al derecho internacional”.

En cuanto a la actuación policial, ayer detuvieron una vez más al fotoperiodista Edu León, que trabaja para el periódico ‘Diagonal’. Se le imputa “atentado a la autoridad” porque, supuestamente, Edu agredió a un agente con su cámara fotográfica. Tal cual. Ayer cubrí la noticia de su detención para Público y desde la comisaría de Leganés me aseguraron: “pasó de sacar fotos a arrear golpes con su cámara”.

Es un arma cuanto menos curiosa, teniendo en cuenta que, además del medio de subsistencia de Edu, no se trata de un instrumento muy resistente como para ir dando golpes a la policía con ella. Además, las cámaras profesionales cuestan un puñado de cientos de euros. 

La versión policial se tambalea aún más ante la versión de otros periodistas presentes en el lugar, como la de Susana Urrutia, que cubría los hechos para ElMundo.es. Aseguran que Edu León no se mostró en ningún momento en actitud violenta. Estaban haciendo su trabajo —todos—, que es informar.

Entonces, ¿por qué le detuvieron solo a él? Olmo Calvo, compañero fotoperiodista suyo, presente en los hechos, asegura que la decisión se tomó después de pedirle la identificación. Y es que Edu es un viejo conocido por la policía. 

Ha sido detenido en varias ocasiones y llevado a juicio por desobediencia a la autoridad. Lo que Edu hace es documentar, precisamente, esas redadas ilegales que niegan en Interior pero que él hace públicas. De hecho, el informe de Amnistía Internacional está ilustrado con sus fotos.

Los fotógrafos plantaron a Zapatero en 2010 en solidaridad con los dos periodistas detenidos - El País

Tras pasar la pasada noche en el calabozo, Edu León ha sido puesto en libertad, pero con cargos y sin cámara. No vaya a ser que vuelva a utilizarla. Ya le han requisado más cámaras en el pasado pero Edu siempre ha vuelto a la calle a hacer lo que sabe: informar de lo que las autoridades niegan pero afecta a los más débiles.

El año pasado, sus compañeros fotógrafos dieron plantón a Zapatero durante una sesión en el Senado para protestar por otra de las ocasiones en las que el joven fotoperiodista fue detenido. Edu pasó la mañana disparando su objetivo contra agentes de paisano que arrestaban a extranjeros en el metro de Sol.

Y volvió a disparar su cámara. Así que de lo que podemos estar seguros es de que lo de hoy no parará a Edu.

Y de lo que tenemos que convencernos es de que los compañeros de profesión tenemos que darle nuestro total apoyo. Porque Edu somos todos.

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