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Historia de la progresividad del IRPF


La progresividad fiscal siempre fue un elemento importante dentro del programa del reformismo socialdemócrata.

La poca fuerza que la izquierda ha tenido en esta país (en este blog se mantiene la tesis de que el PSOE no forma parte de la izquierda, aunque esté a la izquierda del PP, lo que tiene poco mérito, aunque a muchos militantes y simpatizantes le parezca un éxito ideológico) se demuestra en las prácticas contrarias al programa de socialismo suave: los procesos de disminución de la progresividad, de privatización, de otanización, de aumento de la desigualdad según indicadores OCDE, de instauración de un bipartidismo sin fisuras, …

En el primer paquete de recortes del PP se incluye una reforma fiscal en el IRPF. Todos esperábamos una reforma fiscal en el IVA (se supone que ya llegará, quizá en marzo), pero se hizo en un impuesto en el que cabe hacer progresividad.

Y se ha hecho progresividad. Por eso, no he entendido el rechazo de la izquierda sin muchos pecados; de la izquierda simuladora se podría esperar cualquier ruido sin contenido con tal de dar sensación de diferencia.

Dentro del Real Decreto Ley hay varias medidas que merecen mayor consideración de oposición como el retraso de la entrada en vigor de la Ley de Dependencia para dependientes moderados o la reducción de la ayuda oficial al desarrollo, ya en niveles alejados del 0,7%.

En lo que a la reforma fiscal se refiere, la izquierda podría protestar porque el gobierno la ha hecho sin exponerlo en su programa, aunque aleguen las circunstancia excepcionales del desvío del déficit. Pero esa protesta más bien correspondería a sus partidarios. Ya Zapatero nos demostró que en la democracia devaluada las promesas electorales no deben ser la inspiración del programa de gobierno. Rajoy continúa por la senda.

La izquierda debería protestar porque se sube el tipo de las rentas más bajas de 24% á 24,75%. Creo que después de que Solbes hiciera una injustísima subida a las rentas más bajas de 15% a 24% el tipo de las rentas más bajas mientras bajaba del 45% al 43% la de las rentas más altas y bajaba al 18% el tipo de las rentas del ahorro, … el tipo de las rentas más bajas estaba demasiado elevado.

En esto la denuncia debería ser enérgica, pero el rechazo con el recuerdo de lo que hicieron los socialistas que vuelven a representar el papel de arrepentidos por el neoliberalismo desarrollado.

Está claro que es temporal, sólo para 2012 y 2013. Los recortes a las personas con rentas bajas se les imponen recortes que se consolidarán y a las personas con rentas más altas se les anuncia que el esfuerzo será temporal.

Es obvio también que gravísimamente insuficiente para un planteamiento de izquierda, ya que no iguala rentas en general con rentas de ahorro, no acaba con la deducción de planes de pensiones, no establece una tarifa suficientemente potente.

Además, el IRPF es sólo una de las piezas del sistema tributario (la más importante) y no se tocan otros impuestos directos como el de Sociedades o no se exige el retorno con energía de los impuestos de Patrimonio o de Sucesiones.

Finalmente, parece claro que tan importante como la regulación de los impuestos de forma solidaria es la persecución del fraude fiscal, algo en lo que no hay un compromiso mínimamente satisfactorio en estos partidos con opciones de gobierno.

También se puede considerar oportunista, ya que, como se ha dicho, el PP todavía tiene unas elecciones en la agenda, las andaluzas, y no le conviene mostrar su lado más antisocial, lo que le habría orientado a apretar las tuercas del IVA. Se puede sospechar que en futuros ajustes volverán a la senda esperada.

Con todo, hay que decir que el PSOE con elecciones por delante sí agredió con subidas de IVA y sólo a últimísima hora hizo una recuperación (también temporal y rebajada) del Impuesto de Patrimonio, después de obstinarse en no hacerlo. Proximamente veremos, supongo, la reforma del IVA que nos esperamos.

Sin embargo, me ha parecido un error negar él mínimo y temporal avance en progresividad de la medida. Me ha dado la sensación de que tras décadas de quebranto del principio de progresividad en el IRPF y en todo el sistema tributario (librando rentas a quienes más tienen) por gobiernos del PSOE y del PP, la izquierda ha perdido el sentido de este principio.

Dentro de la clasificación de los tributos, los hay proporcionales y progresivos. Un impuesto es proporcional si aumentando la capacidad económica se incrementa en el mismo porcentaje el tributo, pues se usa un mismo tipo.

Ejemplo: El IVA: si tú te compras una camiseta de 10 euros, pagas 80 céntimos de impuesto; si Botín se compra una camisa de Yoryo Armani a 100 euros, paga 8 euros de impuesto. En el impuesto progresivo a un aumento de capacidad económica le acompaña la aplicación un tipo impositivo superior. Ejemplo: El IRPF: Si tu ganas 20.000 euros se te aplica el 24%; en cambio, a la renta por encima de 300.000 euros del salario de Rato se le aplica un 52%.

Pues bien. En esta reforma se cumple ese principio, por mucho que nos extrañe que la primera reforma fiscal de mejora de la progresividad en el IRPF en la Historia de la democracia la haga el partido de la derecha en el bipartidismo de derechas. Zapatero en 2009 hizo una más tímida, subiendo uno o dos puntos a rentas generales y rentas del ahorro; menos significativa que esta.

Antes de esta reforma el/la mileurista tendría que pagar (si tiene la obligación de tributar, ya que por debajo de 23 mil no hay obligación) 3360; después de la reforma 3465. Rodrigo Rato antes de la reforma tendría que pagar 1305983,36 euros; después de la reforma, 1543131,24 euros.

El mileurista tendría que pagar 105 euros más y Rodrigo Rato 237.147,88 euros más. Hay que combatir el fraude, pero también hay mejorar la progresividad de los impuestos que albergan esa posibilidad, pues cada mejora de la progresividad formal tiene beneficio en el efecto progresivo sobre la capacidad económica no defraudada.

Para encuadrar en el transcurso histórico esta reforma he recopilado las tarifas del impuesto en varios momento: primera regulación (1978), primera gran reforma (1991), segunda gran reforma (1998), una modificación secundaria (2002), el momento antes de la tercera gran reforma (2005), la tercera reforma (2006) y la comparación de la tarifa antes y después de esta medida temporal.

La tarifa es sólo uno de las piezas del tributo y el IRPF es sólo uno de los impuestos del sistema, del que se escapa mucha capacidad económica por la vía del fraude y la elusión, pero es un buen indicador de lo que ha ocurrido en estas tres décadas de gobiernos alternantes de PP y PSOE.

Francisco Fernández Ordóñez, hermano del actual gobernador del Banco de España, fue el artífice de reagrupar varios impuestos de rentas para hacer un impuesto único sobre la renta de las personas físicas en 1978.

Pertenecía a la UCD, pero hizo el IRPF más progresivo de nuestra Historia, contextualizado en el marco histórico de la Transición, con presión popular y con un neoliberalismo incipiente. En aquella época las palabras no estaban tan vaciadas de contenido y el principio de progresividad no estaba tan hueco por dentro. Vean como el tipo más bajo es del 15% y el más alto.

 

En 1991, los gobiernos de Felipe González y su ministro Solchaga hicieron un primer ataque al principio de progresividad. Recordemos que a esas alturas el felipismo ya estaba alcanzando su cénit. Con esta reforma el tipo más bajo se aumenta hasta 20% y el tipo más alto se disminuye hasta 53%.

 

Al felipismo le siguió el gobierno de intensificación de las privatizaciones, desregulación del suelo y reforma fiscal de Aznar. Por supuesto, no se quitó el placer de reformar el IRPF. Ya en junio de 1996 separaba lo que ha dado en llamarse plusvalías de las bases imponible y liquidable, aplicándole un tipo especial, muy aminorado; en 2006 se agravan estas separaciones. Empezaban a hablar de la teoría de que reduciendo la carga fiscal, menos personas recurrían al fraude y aumentaba la actividad económica, ocasionando una mayor recaudación.

Por eso, en la reforma de Rato se baja el tipo a todos, aunque en el impacto de la reforma estaba claro quienes tenían un ahorro fiscal de unos cientos y quienes lo tenían de millones. A las rentas bajas se les disminuye a 18% y a las altas a 48%. La tabla se divide en dos porque ya se había implantado la cesión parcial del impuesto a Comunidades Autónomas (la primera tabla es estatal y la segunda regional).



En 2002 profundizan en este discurso. Los tipos se reducen a 15% y 45% en la reforma de Montoro.



La reforma más regresiva es la de 2006. Como se dice más arriba, para simplificar la tarifa, se elimina el tramo inferior de la escala anterior. Ahora el tramo inferior tiene un tipo de 24% y el superior sí baja a 43%. Noten que si en 1978 el tipo más alto más que cuadruplicaba al más bajo, con esta reforma de Solbes ni duplica. Pero la reforma fue más grave todavía, todas las rentas procedentes de intereses, dividendos y seguros, independientemente del nivel de renta del receptor, bajaban a 18%, por lo que el impuesto en este tipo de rentas (del capital) se hacía proporcional.




Ya se indicó que la nueva reforma fiscal, temporal para 2012 y 2013, supone una mejora de la progresividad, como se podrá ver en los siguientes cuadros. No es la reforma propia de la izquierda para este tributo, ya que se eleva el tipo en el tramo inferior, demasiado elevado por culpa de la reforma de 2006, o se recupera una deducción en vivienda con efectos perversos, pero es evidente la mejora de la progresividad, en rentas del trabajo y en rentas del capital, que se presentan por separado en estos dos cuadros.

 

 

Yo no sé si el PP hizo esta mejora por simular que también toca a las rentas altas y si a partir de ahora caerán todos los palos sobre las rentas bajas y medias, con subida de IVA y de recortes y más recortes, lo que es de esperar.

Sin embargo, de los datos que se aportan en esta entrada podemos deducir que con los dos partidos el camino hacia la regresividad ha sido imparable (el PSOE le ha bajado 14,5 (Solchaga 12,5 y Solbes 2) puntos a las rentas más altas y el PP, 8 (Rato 5 y Montoro 3); el PSOE les ha subido 14 (Solchaga 5 y Solbes 9) puntos el tipo a las rentas más bajas y el PP se lo ha bajado 5 (Rato 2 y Montoro 3) hasta esta reformas por la crisis.

¿Por qué tanto interés en este artículo?. Porque estas reformas fiscales son una pieza fundamental de la ideología neoliberal. Por ejemplo, es común escuchar que Zapatero tuvo dos etapas como presidente: la buena, en la que hizo grandes progresos sociales por sus convicciones; la mala, en la que se vio forzado con dolor para su corazón a adoptar medidas antipopulares, por responsabilidad. Pues no. La crisis que vivimos se debe precisamente a reformas laborales y fiscales como la que protagonizó Solbes en 2006, durante la época en la que Zapatero era un bendito.

No quiero terminar sin exponer que el sistema tributario se compone de otras figuras (sobre todo Sociedades, IVA y Especiales; también figuras muy desaprovechadas como Sucesiones o Patrimonio; otros impuestos como Transmisiones o los locales (IBI, Circulación de Vehículos).

En ellos, las dinámicas han sido igualmente regresivas y antipopulares. En las cotizaciones a la Seguridad Social siempre ha habido una acusación de los técnicos con sensibilidad de izquierda de que se trataba de un modelo de cotización regresivo, porque las bases están limitadas.

Además la lucha contra el fraude fiscal se mantiene en unos 10 mil millones, cuando los técnicos de Hacienda nos advierten de que se eleva a 90 mil. Además hay figuras como las SICAV o la Reserva de Inversiones de Canarias, que son un coladero sin fraude de impuestos de rentas más altas. La izquierda debe mantener la mirada atenta hacia todos estos elementos.

La progresividad ha sido muy dañada por los sucesivos gobiernos de PP y PSOE, como puede verse. No se espera de ellos que la recuperen. Las medidas puntuales que han adoptado (está subida temporal por dos años, la recuperación temporal del Impuesto de Patrimonio, …) se deben a que las exigencias de reducir el déficit público son tan grandes que incluso tienen que ir contra su determinación de ceder al mandato que tienen de las rentas más altas de disminuir su carga fiscal.

En un momento de relajación del ajuste eliminarán estas coyunturales mejoras de progresividad, aunque sean tan pobres. Los bancos, corporaciones y grandes fortunas son intocables mientras el pueblo durmiente no despierte y se rebele.

Los paraísos fiscales, la economía sumergida, el peso que han tomado los impuestos de consumo y renta del trabajo, la eliminación o su intento de impuestos de sucesiones y patrimonio, las deducciones en el Impuesto de Sociedades, … Son demasiados los elementos enfermos del sistema fiscal.

Autor: Samuel García Arencibia

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