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Desobediencia civil no violenta, un derecho ciudadano


Por si no hubiera bastante con la crisis, ahora parecen sonar de nuevo tambores de guerra. Añaden más temores e incertidumbres a los que la crisis ya causa la crisis. Estados Unidos y Reino Unido creen que una gran presión (?) contra Irán lo disuadirá de tener su bomba nuclear. E Israel no descarta un ataque próximo contra ese país de Oriente Medio. Ni unos ni otros han aprendido lección de la invasión de Irak.

¿Cómo osan hacer peligrar la vida de cientos de miles de personas de nuevo? El pretexto es que Irán no tenga la bomba atómica. ¿No tienen la maldita bomba Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia, China, Pakistán, Corea del Norte, Israel y la India?

De nuevo la actuación preventiva. Que no es legítima defensa ni preservar la paz, sino buscar la guerra. Porque Irán no se quedará quieto si lo atacan, ni los países musulmanes con mayorías chiitas.

¿Conservan toda su legitimidad los gobiernos que apuestan por la guerra?

¿Y qué legitimidad tienen los gobiernos que con sus políticas al servicio del poder financiero contribuyen a la pobreza e inseguridad de millones de ciudadanos? El próximo año se estancará económicamente la eurozona, otras grandes economías se desacelerarán y puede haber recesión mundial, según la OCDE. Con desempleo a espuertas. 

A pesar de ello, los gobiernos insisten en fuertes ajustes, austeridad que sufre la ciudadanía, mientras los bancos centrales garantizan dinero fresco a la banca.

Además, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) denuncia que empeoran a ojos vista las condiciones de vida para la mayoría de la gente, pero los bancos ganan más dinero. Señala la OIT que recuperar el nivel de empleo anterior a la crisis costará ¡cinco años!

Europa va hacia una recesión y el paro se hace crónico. Pero se recapitaliza la banca con dinero público, se mantiene la rebaja fiscal para el capital, grandes empresas y fortunas. Y no se mueve un dedo contra los paraísos fiscales que hacen posible la corrupción y evasión sistemática de impuestos. Como denuncia Luis García Montero, “el capitalismo ha declarado una verdadera guerra contra los pobres y contra la soberanía de los ciudadanos”. Otra guerra.

Europa, Estados Unidos y países anglosajones optan por “mantenerla y no enmendarla, aunque la razón no hayan”. Y privatizan servicios públicos. Un robo manifiesto, como denuncia Ramonet, porque “cuando se privatizan los servicios públicos, no sólo se le arrebata a la ciudadanía un bien que le pertenece (costeado con sus impuestos) sino que se desposee a los pobres de su único patrimonio”.

Y reformas a peor de pensiones públicas, retraso de edad de jubilación, reformas laborales que desprotegen a los trabajadores, despido masivo de empleados públicos y funcionarios…

Da igual que los Nobel de economía George Akerlof, Joseph Stiglitz, Paul Krugman y Paul Samuelson se hayan manifestado por activa y pasiva contra la austeridad fiscal, los recortes que suponen y el daño que causan. 

Da igual que pasados muchos meses del inicio de esa nefasta política de austeridad, recortes y beneficio de la banca no se vislumbre ni lejano un indicio (por leve que sea) de superación de la crisis. Da igual que aumenten la desigualdad y la pobreza en cifras indecentes…

En verdad, como explica Crotty, la maldita crisis es la última fase de décadas de esfuerzos del capital, del poder financiero, para destruir la modesta democracia social con capitalismo controlado construida desde los años 30 del siglo pasado. Y Carlos Martínez deja claro que “el neoliberalismo es una gigantesca estafa mundial”. 

A lo que Stiglitz añade que “el fundamentalismo neoliberal es una doctrina política que sirve a intereses concretos. Nunca respaldada por la teoría económica ni tampoco por la experiencia histórica”. Más claro, el agua.

Está claro que esas políticas que vulneran los derechos de la ciudadanía hacen ilegítimos a los gobiernos, tanto como a los que buscan la guerra.

Buena parte del movimiento cívico global concluye ya que partes de las deudas soberanas (a veces, todas ellas) son ilegítimas y por tanto no deben ser pagadas. Si los gobiernos que violan masivamente derechos sociales en beneficio de una exigua minoría (así como los que quieren la guerra) devienen así ilegítimos, entonces, de igual modo que el impago de la deuda ilegítima es un deber, la desobediencia civil no violenta se convierte en derecho ciudadano.

Cabe recordar ahora al Nobel de la Paz Sam Daley-Harris cuando decía: “Dejemos de pensar que no hay soluciones. Dejemos de pensar que no importa lo que hagamos. Dejemos de pensar que las posibles soluciones no dependen de mí”.

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